El poder de la hermandad

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En este articulo os mostrare una historia escrita e inventada totalmente por mí. Es la primera que escribo por gusto y me gustaría que me comentéis los fallos de manera educada. Se trata de dos hermanos que tuvieron que soportar una terrible guerra entre España y Ucrania.

Mi nombre es Rubén y os contare mi historia. Nací en 2048, proveniente de una familia de clase media. Mi padre era un rudo y respetado coronel, y mi madre una enfermera de un hospital. Yo quería mucho a mi padre y él a mí. Mi madre jamás fue cariñosa con ninguno de nosotros tres. Tengo un hermano 2 años mayor que yo llamado Víctor, con el cual viví momentos inolvidables. No puedo imaginar mi vida sin él. Éramos una familia feliz a excepción mi madre, que nos trataba siempre con desprecio, como si le fuésemos a arruinar la vida.

Yo tenía 5 años. Las veces que intentaba acercarme a mi madre, me golpeaba. Sí, me golpeaba. Un día me pasó algo que marcó mi vida. Mi padre se ponía en medio para protegerme, pero no servía de nada. Esa bastarda apuñalaba a mi padre delante de mis ojos y Víctor no estaba, porque que se fue a casa de un amigo. Cuando intentó apuñalarme a mí, se puso el perro que mi padre rescató hace 3 años, cuando yo estaba dejando los pañales. Vi al perro morir en mis ojos y me traumatizó.

Yo tenia 8 años. Superé la muerte del perro, pero tenía miedo de mi madre. Mi padre reclamó la custodia nuestra y mi madre robó dinero a mi padre para contratar a un abogado. Mi padre perdió el juicio y cayó en la bebida y en las drogas. Mi hermano estaba llorando como nunca antes, pero yo no lloraba porque sabía que eso pasaría. Era increíble, yo estaba actuando como si fuera el mayor y muy mayor.

Yo tenía 14 y la guerra estalló en España, ya que Ucrania, después de ser invadido por Rusia, quiso formar una colonia, cosa que en nuestra época actual, ya creíamos imposible. Nuestro padre se volvió un borracho y nuestra madre, una maltratadora. Mi hermano siempre estaba conmigo, mientras el caos invadía varias parte de España. Milagrosamente, mi padre habia dejado la bebida y las drogas, pero nosotros dos lo odiabamos porque ni siquiera se molestó en venir a visitarnos. Un día, papá vino a casa llorando desconsoladamente y no entendiamos porque. Tenía que ir a la guerra a poner sus capacidades como coronel. Nos dio una despedida y se fue. Me arrepentí de odiarle y le dije a mi hermano:

Rubén: Al final resulta que sigue siendo nuestro padre. Estoy seguro de que volverá pronto.

Él me respondió fríamente:

Víctor: Olvídate de eso Rubén, jamás volverá con nosotros.

Eso me dejo muy triste, no sólo porque papa se iba, sino por lo que dijo mi hermano. Me estuve preguntando: ¿En realidad mi padre nos quiere? ¿Nos habrá abandonado?

Yo ya tenía 20. La guerra provoco asesinatos civiles hasta llegar por la ciudad donde vivíamos nosotros. Mi madre (si puedo decirle madre), no dijo nada, solo se fue con dos pasaportes y para colmo no sabíamos nada de nuestro padre. Durante estos años, Víctor y yo estuvimos sufriendo bastante, además la comida escaseaba.

Víctor: Maldita sea, ¿por que nos han abandonado? ¿Qué hemos hecho nosotros?

Decía una y otra vez. Yo lloraba sin parar. Pero el no y estuvo para consolarme, como era de esperarse de mi gran hermano Víctor. Era la única familia que tenía, ya que nuestros padres eran hijos únicos y nuestros abuelos estaban muertos. Descubrimos que nuestra madre había puesto la cerradura antes de irse y nos quedamos atrapados. Tratamos de abrir la puerta con nuestras llaves, pero no lo logramos.

Víctor: Maldita sea, esa bastarda nos ha dejado encerrados y encima ha cambiado la cerradura.

Me dirijo violentamente con un martillo a destrozar la cerradura, pero por poco le di a mi hermano.

Nosotros no tuvimos opción que intentar detener a nuestra madre. Logramos alcanzarla antes de que bajara del edificio y nos dijo:

Madre de Rubén y Víctor: Vaya vaya, al parecer no me será tan fácil deshacerme de vosotros. Muy bien, os arrepentiréis de haber salido de casa, malditas pestes.

Sacó el cuchillo con el cual apuñaló a mi padre y mató al perro. Víctor trató de quitar el cuchillo a mamá, pero ésta sacó una jeringuilla y pinchó a mi hermano. Esa jeringuilla era un sedante que robó del hospital. Estaba inmovilizado del miedo. Pero de pronto, apareció una figura de la nada y cuando me fijé mejor no lo podía creer: Era nuestro padre, que al parecer estaba muerto, pero hizo que mamá por poco se desmayara del miedo. Papá me dijo:

Padre de Rubén y Víctor: Rápido Rubén, coger a tu hermano e iros de aquí con los pasaportes a un lugar seguro, donde ni la guerra ni vuestra madre os afecte.

Rubén: ¿Pero qué pasa contigo?

Padre de Rubén y Víctor: No te preocupes, estoy en un lugar seguro. Vosotros iros. ¿Por que nos has hecho esto maldita?

Madre de Rubén y Víctor: Eres un idiota. Tú y esos malditos que debo llamar hijos. Lo único que quería era aprovecharme de ti. Quería estar en la clase alta y pensé que si nos casábamos, me aseguraría de que podría llegar a la cima del dinero, pero se formo una asquerosa familia que arruinó todo. Yo jamás te quise, ni a esos niños tampoco. Lo único que quería era poder.

Padre de Rubén y Víctor: ¡MALDITA SEAS!

Papá la apuñaló con el cuchillo y ella sangrando dijo:

Madre de Rubén y Víctor: Nos vemos en el infierno, bastardos.

Y murió. Papá desapareció. Era como si su alma ya pudiese descansar en paz. Pero después me daría cuenta de que aun no sería así.

Cogí a mi hermano y me fui hacia un aeropuerto. Una granada explotó de la nada y chocamos, mas no podíamos perder el tiempo. Fuimos rápido hacia al aeropuerto, afortunadamente había un avión que iba hacia Rota, una ciudad de Cádiz increíble, pero era un avión de guerra y tuvimos que montar para sobrevivir. Al pensar que todo acabaría, aparecieron más aviones de guerra, lanzándose misiles entre ellos. Lo único que podía hacer el piloto del avión en el que íbamos era esquivar los misiles. Hubo uno que dio directamente en un motor. Por suerte había otro motor. Varios soldados dieron su vida por poner el motor y salvarnos y pudimos seguir, pero la onda expansiva nos había quemado los brazos. Varias horas después, encontramos todo despejado y Rota estaba cerca. Era increíble el lugar, era muy tranquilo y se podía ver mucha gente feliz viviendo allí. Cuando aterrizamos el piloto y los soldados restantes se fueron hacia la base naval y ni siquiera se preocuparon de nosotros. A mi hermano se le pasó el efecto del sedante y me dijo:

Victor: Rubén.

Rubén: dime Víctor.

Víctor: Me he dado cuenta de que hay una esperanza de detener esta maldita guerra, y es llegando a un acuerdo con el líder de Ucrania.

Rubén: ¿Acaso quieres que nos maten idiota?

Víctor: Es la única esperanza, dicen que el amor lo puede todo, pero si aplicamos ese dicho a nuestro lazo de hermanos, es aun mas potente.

Esas palabras me llenaron de ánimo. Escuché en una conversación en el avión, que el líder de ucrania estaba reunido con el presidente de España, ya que el ucraniano dijo que no traería a sus hombres para llegar a un acuerdo pacíficamente, pero como no se lo creían, hicieron que la reunión fuera en la base de Rota, y le dijeron al líder ucraniano que nada de soldados y se aseguraron preparando a un ejercito para matarlo si mentía.

Logramos colarnos en la base, y vimos una sala totalmente desierta sólo con dos personas, que al parecer, eran el presidente español y el líder ucraniano. Entramos, y al entrar, el ucraniano nos apuntó con una pistola. Como un cobarde el presidente huyo, dejándonos solos con el líder ucraniano a punto de matarnos.

Rubén: Ti… tienes que detener esto, no puedes causar una guerra por esto. No estamos en el siglo XVII.

Líder ucraniano: ¿Por qué tendría que hacer caso a dos idiotas como ustedes?

Víctor: No hables así a mi hermano estúpido, tienes que darte cuenta de que la guerra se soluciona con paz. Vosotros jamás intentasteis llegar a un acuerdo con Rusia por lo que ahora estáis como estáis. Además…

Dijo muchísimas cosas, pero el sólo preguntó quienes éramos.

Rubén: Somos dos hermanos unidos y pacíficos. Nosotros jamás hemos recurrido a la violencia para solucionar un problema. Nuestra madre era una maltratadora pero nosotros jamás llegamos a ponerle un dedo encima, ni a nuestro padre que cayó en el alcohol y nos abandonó durante la guerra que tu has provocado, ni cuando estamos en peligro de muerte… recurrimos a la violencia.

Continuará…

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Cazalla
Hola, soy un colaborador de la web, gran amante del libro "El enigma de los dioses" y juego al LOL. Mi personaje preferido es Yi, por eso lo pongo en la imagen.

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