Disfraz de letras – Poesía en prosa poética

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Coraza

Disfraz de letras es una poesía escrita en prosa poética donde desnudo mis sentimientos, me entrego al escaparate de mi alma, revivo emociones… pero me oculto detrás de las letras, detrás de las metáforas que son mi coraza del mundo, el refugio de i corazón.

Arrancado brutalmente de los brazos del paraíso, pero feliz al poder descubrir la fuente, el huracán de deseos. Yo me entrego aquí, al blanco que ha de ser quebrado, donde se absorben las historias para ser recordadas eternamente. Feliz, sí. Porque aun mostrando debilidad, la fragilidad de un corazón roto de amor, disfracé la melancolía y en su lugar burlé al silencio, en un desafortunado intento de fusionarme con el placer. Quise ser yo, amante transparente, pero no mudo; testigo secreto, pero no ausente; cómplice de amor, pero el destino no estaba por la labor. Acabó mi aventura, mi viaje de auto-descubrimiento, el estremecimiento de mi piel.

Cayo y contengo, no hay herida. Resisto y aguanto, no hay tortura. El universo está dentro de mí, pugnando por desvelar mis sentimientos. Pero no es posible. No lo permito. Soy roca de pasiones, no me importa el dolor, ni siquiera las sensaciones que arrojo aquí, al espejo del alma, a este abismo sin fondo que absorbe el sentir, para volver a ser yo, el mismo que no ha sentido nada, el mismo que no ha sufrido por nada. Roca. Porque si tuviera que sentirme herido por cada reproche, por cada comentario, no tendría papel suficiente para descargar las sensaciones. Pero no. He aprendido a vivir con ello, a contar cada aventura sobre el papel y a sentirme feliz por descubrir una pequeña parte, una pequeña delicia. Así me tenéis que ver: feliz. Feliz siendo lo que soy y sintiendo como siento. Rompo corazones, derramo lágrimas, desato sentimientos. En fin, contengo palabras.

El disfraz me protege. Me ata a estas letras, a este intento mudo de cobrar la deuda del vínculo. Pero no tengo más que palabras, infinitas sí, pero palabras al fin y al cabo. No soy amante transparente, ni mudo. No soy testigo secreto, ni ausente. Ni soy cómplice de amor, ni el destino me acompaña. Me entrego en palabras porque palabras soy y en palabras siento. Lo mejor de mí, sin duda, lo contenido que escapa. La fragilidad de esta roca que intento que sea mi disfraz.

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