94 Kerwin

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Observamos desde lejos como los soldados rodean el refugio y entran, buscándonos.
-¿Cómo sabías que…? -se interrumpe al darse cuenta.
Proseguimos caminando hacia el oeste, siempre a las sombras de la gran cordillera.
-¿Te encuentras ya bien? -me preguntan al verme caminar con naturalidad.
-Mi cuerpo se deteriora, al igual que el vuestro. Mi mente ha viajado por la gran telaraña de datos y el precio ha sido muy alto. No sé cuanto podré continuar entero.
Me estudian con la mirada. Anoche estuve totalmente roto. Después de un buen descanso mi cuerpo se ha recompuesto. Sin embargo, aunque no muestre los síntomas, todavía siento parte del dolor y sé que pronto volverán las alucinaciones.
-¿Qué puedes decirnos sobre el virus? Intentaste comunicarnos algo…
El recuerdo de esa conversación se desvanece… aun así sé exactamente a lo que se refiere.
-Sí… pero os pido que no me interrumpáis. Tengo pensadas unas ideas que puedo comentar sin necesidad de esforzarme demasiado en recordarlas, pero preguntas adicionales me podrían enviar directamente al hoyo -asienten al entender mi razonamiento-. Bien, sé que toda esta catástrofe ha sido provocada por una mente muy poderosa, pero la destrucción sólo ha sido una consecuencia de su plan. No sé qué busca, pero nos está utilizando para conseguirlo.
Helen queda pensativa al entender la magnitud de mis palabras.
-Sí, tiene sentido. Jack dijo que El enigma de los dioses cuenta un destino fatal. ¡Y los fanáticos aseguran que las profecías se cumplen día a día! Los acontecimientos transcurren según lo escrito… incluso ahora, pero con un salto en el tiempo.
-Porque el fin del mundo ha sido adelantado -articula la mandíbula intentando desencajar el miedo-, como bien afirmó Jack. Pero… ¿por qué?
-Tal vez para cambiarlo -razona ahora Lumi.
-¡Eso es! -grita exaltada Helen– Yo misma he estado a punto de morir y la luz me ha cegado de sabiduría. En mi visión -se muestra unos instantes en trance al recordarlo-, he observado como los dioses entregaban su sagrado libro a nuestros antepasados. ¡Sea lo como sea, todo esto está relacionado con ese momento!
-¿Cómo podemos encajarlo? -me preguntan, ahora sí.
-No lo sé. Todavía faltan muchas piezas del puzzle.
-Debemos descubrir la verdad oculta para sobrevivir. Cuando me desmayé lo entendí: todos somos importantes y cada muerte es un paso atrás.
Al pensarlo detenidamente lo comprendo. En un principio puede parecer una contrariedad porque si dejamos fluir nuestra mente libre, al encontrar un secreto de relevancia, ayudaríamos al colectivo a avanzar, pero retrocederíamos inevitablemente si perecemos en el intento.
-Has dado en la clave.
-Pero… ¿cómo? ¿Arriesgándonos a una muerte segura? Tal vez sacrificarnos conscientemente, ampliando el máximo conocimiento posible.
Mi mente comienza a dar vueltas frenéticamente. Tal vez me arriesgue demasiado, pero es necesario que descubra lo que quiero y yo soy el más capacitado.
-No, debemos sobrevivir todos -pronuncio sonriendo-. ¡Seguidme!

Continúa leyendo 95 Jonhy o visita el indice de Los reinos del sur, la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

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