93 Jonhy

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La oscuridad me ha engullido, junto con un silencio perfecto que me provoca un fuerte estremecimiento. El resto de sentidos ahora tampoco parecen ayudarme mucho. El único que me aporta información sobre este absoluto vacío es el del tacto y lo único que me permite notar es un suelo de tierra, diferente al que estoy acostumbrado.
De pronto, siento como la fuerza de la gravedad parece cambiar, empujándome violentamente hacia abajo. Intento acariciar mi cuerpo, pero no puedo: tengo una coraza que me protege. La oscuridad va aclarándose, mostrándome una escena puramente apocalíptica. A un lado y a otro cientos de guerreros despliegan sus fuerzas desencadenando una impresionante batalla sobre un terreno prácticamente destruido.
-He creído conveniente darte la experiencia de una lucha real…
Tras unos segundos de desconcierto, descubro que lo que me pesa es una armadura que oculta todo mi cuerpo. Incluso el cuello, como las manos y los tobillos quedan protegidos por materiales herméticos. Sobre el casco, un tubo sobresale para incrustarse sobre mi pecho. Además dispongo de dos armas: un láser conectado sobre mi muñeca derecha y una gran espada colocada en mi cintura.
-Desde la distancia puedes atacar con el láser, pero cualquier enemigo puede sorprenderte. Entonces es conveniente que utilices la espada.
Desvaino la espada, es tremendamente ligera.
El combate estalla en múltiples lugares. Sin saber que hacer, observo desde la distancia cada pelea individual.
-Para ser un buen guerrero debes tener claros tres conceptos: seguridad, decisión y contundencia. La seguridad, por supuesto, es la más importante. Mediante todos los sentidos debes controlar a todos tus enemigos, de forma que si te atacan por la espalda -explica al tiempo que aparece por detrás mío-, puedas reaccionar con tiempo y asegurar tu supervivencia -diciendo esto, coloca su espada en mi garganta-. Segundo: decisión. Significa que no tienes la opción de dudar. En cuanto un enemigo esté al alcance de tus armas, ataca. Y por último, la contundencia claro. Con un solo intento tienes que acabar con tu rival. Perder demasiado tiempo supondría una pérdida de efectivos para el ejército y mayor vulnerabilidad frente a otros atacantes.
Su imagen se esfuma dejándome solo frente al furor de la batalla. Cientos de luchas, aquí y allá, desbordan las imágenes. Algunos ordenados, luchando en unidad, otros sueltos, pero todos derramando sangre ya sea de sus venas o las de sus oponentes.
-Ayuda al que más próximo tengas. ¡La rapidez también es importante!
El estallido sonoro de las espadas al chocar es brutal.
Intento atacar al frente, donde me repelen un primer ataque. Mientras preparo una segunda embestida, alguien por la retaguardia me alcanza en un costado. La armadura evita que me parta en dos, pero el tremendo dolor que me sacude desgarra mis entrañas. Me llevo las manos a la zona dolorida, perdiendo la espada. Entonces un segundo impacto me desploma en el acto.
-¡Muy mal! Has perdido la referencia del resto de los rivales y has permitido que te golpeen dos veces. Cuanto te ataquen, primero intenta rechazarlo y si te alcanza, olvídate del dolor y asegura tu posición. Ya te ocuparás más tarde de las heridas.

Continúa leyendo 94 Kerwin o visita el índice de Los reinos del sur, la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

Ángelus
Español, escritor y autor del blog "El enigma de los dioses". También creó en blogger el blog que dió vida a este proyecto: "Eterno y Cambiante" y es el editor más activo de la web. [Ver Biografía]

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