8 Simón

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Nos encontramos todos sentados, formando un círculo, en el salón de Danny. Nadie es capaz de pronunciar palabra. El miedo nos paraliza. El ambiente está roto.
-¿Tenemos que quedarnos así?
Silencio.
-Tenemos que ir a donde han ido los adultos y escuchar el mensaje. Se trata de algo tan grave que no nos lo van a comunicar, pero tenemos derecho a saberlo.
Desafiando al miedo, miramos a Lumi. Sus ojos relucen en las esferas de sus pupilas.
Mirarnos. ¡Estamos muertos de miedo! ¿Cómo vamos a salir? Además, hay niños demasiado pequeños.
Danny lo apoya abiertamente. El resto permanecemos callados, dudando si desafiar nuestro terror. Ariel se anima también.
-Hacer dos grupos: los que quieran venir y los que no.
-Yo también me apunto a salir. -comenta Helen.
Jack también se anima a venir.
Quedo pensativo. Si una chica se atreve a salir, ¿por qué yo no? ¡Basta de tonterías! ¡Yo también me apunto! Pienso al tiempo que me pongo en pie.
-No te vayas. -me suplica mi hermana con ojitos de pena.
-Tengo que hacerlo.
Me abraza fuerte, como si fuera la última vez.
-¿A dónde tenemos que ir? -pregunto antes de salir.
-A la fábrica abandonada -responde Danny-. Dos calles al sur y una al este.
Lumi parece estar al tanto también.
Salgo yo el primero. El fuerte viento silva al abrir la puerta. Me siguen Danny, Lumi, Helen y Jack. A continuación sale Ariel.
-Démonos prisa -habla Ariel-, esto no me gusta.
La noche es muy oscura. El fuerte viento hace que el frío impacte contra nosotros. El hedor se filtra por dentro de la ropa. Un rumor extraño se asoma desde la lejanía. Las calles desiertas proporcionan un poderoso temor. La escasa luz viene de las farolas y algunas parpadean.
-¡Dios mío!
-¿Qué ocurre?
Cuando cruzamos la esquina descubrimos que el resto del trayecto hay que hacerlo a oscuras. Hay varias farolas fundidas. La oscuridad nos acecha como un animal hambriento.
-¡No os quedéis callados! -grita Helen.
-¡Calla! Estamos muy cerca.
Lumi tiene razón. Al fondo de la calle se puede observar una sutil luz. Proviene del interior de la fábrica que hemos venido a buscar. Según vamos aproximándonos vemos gente en el interior. Podemos ver todo eso a través de las ventanas del suelo. La sala se encuentra bajo nuestros pies, en un subterráneo.
-Allí están.
Ellos a nosotros no nos pueden ver porque nuestra zona se encuentra completamente a oscuras, y los cristales son grises, del polvo.
-Aquí hay una ventana rota.
Nos acercamos. El cristal está roto. Se puede escuchar débilmente el sonido de las conversaciones. Permanecemos allí callados, escuchando y observando nuestro alrededor, con terror. Las viejas leyendas vuelven a nuestras mentes. Esto es peligroso.
Entendemos claramente lo que dicen. Un escalofrío nos recorre las entrañas al descubrir lo que está pasando.

Continúa leyendo 9 Jonhy o visita el índice de Los reinos del sur, la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

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