5 Jonhy

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Después de estar un rato en el patio con mis compañeros, he decidido venir a la biblioteca. Tras leer toda la información sobre Priedni, decido hacer una incursión por el resto de territorios fuera de nuestro mundo. Al norte de nuestras fronteras se encuentra el mundo de los magos, donde se sitúan de este a oeste la isla de Maguiltor, las Tierras Negras y las Tierras Lisas. Más al norte el mundo de los gull’s. Mi viaje me lleva hacia las Tierras Lisas, de donde hay buenas fuentes.

“Situadas al noroeste del Reino de Rusul y al noreste del Bosque Central. Al norte las baña el mar Zululuque y al sur, el río del bosque. Algo extraño, ya que predomina la arena y no hay indicios de vida. En el corazón del desierto se encuentran las montañas lisas… dunas inmensas.”

En los libros se muestran muchas fotos de la zona. Continúo pasando páginas. Encuentro varias crónicas escritas por hombres de aquellos tiempos. Me fijo en una que parece interesante: Crhis, año 394 de la segunda edad.

“En la segunda estación del año 394, fui confiado junto a un grupo de misionarios, a las tierras lisas para reconstruir la frontera norte entre el mundo de los magos y el mundo de los gull’s. Se habían creado algunas dudas a la hora de la reconstrucción del mapa de Omit Ozak. (…) Se había creado para la ocasión un vehículo terrestre capaz de introducirse en el agua e impulsarse durante unos minutos para salvar la línea de fuego. (…) Cinco partimos aquel fatídico día: un piloto, un fotógrafo, un especialista en terrenos, un científico y yo, jefe de misión. (…) Conseguimos pasar los dos obstáculos de agua sin problemas, pero según pasaba el tiempo las condiciones del terreno empeoraban. La tierra se deshacía con el contacto de la nave. (…) El vehículo comenzó a sufrir ligeros daños que el científico arreglaba interrumpiendo la marcha. (…) Al quinto día la nave quedó dañada seriamente, varias veces. Era peligroso continuar. (…) Desde la central en el mundo de los hombres nos ordenaron que continuásemos a pie, ya que podíamos llevar los materiales necesarios para no abortar la misión. (…) Calculamos un par de días para llegar nuestro destino y otro par de días para regresar. Nadie se opuso a emprender el viaje caminando. (…) Deberíamos haber alcanzado ya nuestro destino, pero las averías debieron retrasarnos mucho. (…) La noche del quinto día fue la primera que pasamos fuera. Acampamos en una ladera de las montañas lisas. No se podía hacer fuego, no había nada para alimentarlo y hacía un extraño frío que helaba la arena. (…) Durante el día el fuerte viento nos obligó a disminuir la marcha. (…) Parecía que por mucho que anduviéramos nunca encontraríamos el final de las montañas lisas. (…) El séptimo día perdimos la comunicación con la centralita. Las últimas palabras que escuchamos fue que acabáramos la misión. (…) En la noche del octavo día el científico encendió un aparato, que detectaba movimientos. Se captó un movimiento, de una forma diez veces más grande que la nuestra, daba vueltas a nuestro al rededor. Pero la oscuridad no nos permitía ver nada. (…) En el noveno día, decidimos regresar. Teníamos demasiado miedo para continuar con la misión. (…) Descubrimos con asombro que no habíamos avanzado más de media jornada. Con el viento a favor llegamos antes del anochecer al lugar donde el científico tenía localizada la nave. (…) Durante el día, la forma gigante parecía desaparecer. Sólo nos llegaba un pequeño rumor desde la lejanía, cuando el terreno se agitaba. (…) Recuperamos la comunicación con la centralita y no parecían estar muy contentos, pero nos ayudaron a regresar a nuestro territorio. (…) Por la noche, la forma merodeaba cerca de nosotros. Las luces de la nave lo enfocaron. Se observaba perfectamente como bultos en la arena que nos perseguían a donde quiera que fuésemos. (…) En un momento dado, se pudo observar como de la tierra aparecía un animal gigantesco. Tenía una boca redonda, llena de afilados dientes. Nadaba en la tierra como si fuera agua. Recibió el nombre de Moll terrestre, ya que animales idénticos cruzan el océano. (…) Cuando cruzamos el río del bosque, el extraño ser se quedó observándonos desde la lejanía. Parecía custodiar su territorio. (…) Llegamos sin mas problemas a nuestro mundo. (…) No cumplimos nuestra misión, pero sí descubrimos una nueva especie. (…) La experiencia vivida nos dejó a todos trastornados. (…)”

Levanto la mirada del libro. La historia me deja confundido. ¿Qué extraños seres todavía sin descubrir, nos esperan al otro lado de las fronteras?

Continúa leyendo 6 Simón o visita el índice de Los reinos del sur, la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

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