38 Helen

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Llegamos al pueblo poco antes de la hora de la comida. Se forma un gran revuelo a causa del joven encontrado y su estado. Intento abrirme hueco entre los adultos para ver la causa del caos: un surco de sangre le recorre el rostro. Al ver la imagen, un escalofrío me recorre la piel. Sangre, dudas y miedo… eso nos espera. Mis pensamientos se agitan nerviosos. La extraña confusión da lugar a una claridad ensordecedora, al menos para mí. La pesadilla más espantosa nos ha atrapado, sus garras son agujas que se clavan en nuestros corazones asustados como premisas del inequívoco desenlace que nos aguarda. El terror ha avanzado desde el norte y poco a poco nos va envolviendo hasta arrancarnos la esperanza.
Un fuerte dolor se desata en mi cabeza. El cielo se abre envuelto en la sangre de la luna. El clamor se hace más evidente cuando mi visión descubre la verdadera magnificencia de la maldición. Kerwin también tuvo alucinaciones de este tipo, pero tuvo que desconectar para salvar la vida. Sin embargo abrió más puertas en su mente de las que yo podría abrir jamás. Mi cuerpo no podría soportar la verdad a la que él fue expuesto. Mi piel se estremece envuelta en debilidad, al descubrir simplemente nuestra conexión en este viaje. Su conocimiento pasa a mí y a todos los expuestos al viciado aire como si compartiéramos recuerdos, pero en realidad lo que compartimos es… ¡No puedo continuar! La vida se escapa. Un solo pensamiento más y… La luz me ciega, me expone hechos inconcebibles a través de sentidos no dominados, que degeneran.. La mente hará sucumbir al cuerpo…
Caigo al suelo herida. Me molesta el rostro, donde me llevo una mano. Cuando muevo el brazo para levantarme descubro horrorizada sangre en los dedos a la luz del radiante sol. ¡Igual que Kerwin!

Continúa leyendo 39 Jonhy o visita el índice de Los reinso del sur, la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

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