31 Jonhy

1
286

¿Un terrible virus? Ya comprendo. Por eso no nos permitían ver el exterior y por eso… la cúpula de Priedni. ¡Debí suponerlo! Todas las ciudades privilegiadas están protegidas con cúpulas. Una estructura así no se realizaría simplemente por belleza. Las cúpulas al purificar el aire… lo descontaminan. ¿Qué hemos hecho? Al salir de la nave y exponernos directamente a la noche, respiramos un oxígeno quebrado y ahora estamos infectados por el virus del que nos estaban protegiendo. ¡Maldita sea! Nuestra temeridad nos puede haber convertido en cobayas de laboratorio para tratar de encontrar una vacuna. ¡Esos malditos científicos de Tropolis no experimentarán conmigo!
Mi cuerpo continúa practicamente inmóvil cuando intento recomponer mi postura. La poderosa luz blanca continúa omnipresente, como una sutil burla recordándome donde no quiero permanecer. Mi voluntad no cede y en apenas segundos mis manos palpan mi pecho descubierto. ¡Estoy lleno de cables! ¿Qué me estarán haciendo?
Mis ojos comienzan a desvelar la visión. Me encuentro en una habitación no muy grande. Máquinas llenas de extraños aparatos llenan las pareces. La luz proviene de una gran lámpara situada a apenas medio metro de mi rosto. Todo tiene un tinte de ensueño.
Tardo décimas de segundo en desear huir de este lugar de pesadilla. Todavía no tengo todo el control sobre mi cuerpo, pero poco a poco voy adquiriendo mas movilidad. Enloquezco, girando sobre mí mismo, tratando de desenredarme de los cables que me cubren como si hubiese sido atado por algún tipo de curioso ser. Mi razón quiebra junto a los latidos que desatados devastan mi corazón y cientos de errantes preguntas muestran mi frénetica necesidad de comprender esta caótica situaciación. ¿Dónde estoy? ¿Quién me ha atado? ¿Qué piensan hacer conmigo?… y cientos de preguntas más que me condenan al desconcierto al no hallar respuestas.
Uno de los cables cede y suelta mi cuerpo. Otro, tras soportar unos segundos la tensión, corre la misma suerte. Así ocurre con el resto que, como una torre de naipes, sucumbe ante mi retorcido moviento casi comparable al de un ataque. El ímpetu continúa fuerte hacia la derecha, donde el lecho aguarda su fin… y mas. Tras notar el borde sobre mi hombro desnudo, caigo hacia el extremo, donde un duro suelo me espera inmóvil.
-¿Qué ha ocurrido? -oigo una voz que se aproxima.
-No podía moverse. -comenta otra al momento- ¡Estaba sedado!
-¿Quién le ha suministrado al sedante?
Nick. Se encuentra en la zona de investigación.
-Voy a buscarle. ¡Tú ocupate del chico! -concluye la primera voz, ya alejándose.
Enseguida vuelvo a caer en un fulminante sueño.

Continúa leyendo 32 Danny o visita el índice de Los reinos del sur, la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

1 Comentario

Dejar respuesta

Escribe tu comentario.
Escribe tu nombre

Resuelve la siguiente suma *