30 Helen

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Un grito quebrado desgarra mi garganta. No hay rastro de Simón por ninguna parte. El dolor se desencadena inevitablemente, tras la confirmación de la desaparición de mi amigo. Las lágrimas se derraman con tal vigor que mis pupilas se enrojecen, mis cuencas se vacían y mi alma, de donde proviene el ardor, quiebra. Cada palabra, cada gesto, cada mirada, todo me recuerda a él y la herida de su ausencia se expande. Mi sentimiento está roto en mil pedazos, pedazos de desesperación, de temor, de dudas, de horror, de dolor, de falta… Me siento como si la muerte lo hubiera atrapado, no peor, porque puede estar sufriendo una terrible agonía antes de ese fatal final. Sí, es justo eso, por eso hay en mí tanto dolor, es el eco del suyo en una mente abierta como la mía. Y vuelvo a llorar, en un llanto eterno que sólo evidencia mi sufrir, no lo calma ni lo desahoga.
-¡Vamos! Tenemos que hacer las labores del día. No podemos quedarnos lamentándonos. La vida sigue…
Las palabras del padre de Danny me hacen levantar la cabeza. Lo primero que observo es a Kathy y a Kristy sollozando la una en los brazos de la otra. El gigantesco dolor es extremadamente intenso en cada uno y aun así, es compartido por todos. Si no fuera así, habríamos muerto de tristeza. ¡Benditos hombros de consolación!
-¡Tú! ¿Por qué no te quedastes con ellos? ¿Por qué no desapareciste tú en vez de Simón? ¿Qué estabais haciendo ahí? -los ojos acusadores de Kathy me hunden aun mas en el abismo.
La culpabilidad me invade, por si el pesar no fuera suficiente. Mis lágrimas han dejado de caer, pero el clamor de mis entrañas es ahora incluso superior. Tenía que haberme quedado con ellos, algo podría haber hecho. Mi piel se estremece ocultando el sentimiento mas amargo.
-¿Por qué no preguntáis a Danny, Lumi y los demás? ¡Yo me fui a pedir ayuda!
Aunque mi respuesta no es la que habría deseado, necesito repartir la culpa, porque al igual que el dolor por la ausencia, sólo así se atenúan ligeramente las sensaciones.
-Ellos están descansando en sus camas. Todavía no han despertado del trance. ¡Algo terrible tuvieron que vivir!
Mi mente se encuentra muy confundida, tanto que por un segundo deseo salir corriendo y desaparecer como mi amigo. Sólo me merezco un lugar de tortura, pero al menos así la culpabilidad desaparecerá y el dolor será real. Entonces me cogen por el hombro.
-Tenemos que irnos ya a hacer las labores.

Continúa leyendo 31 Jonhy o visita el índice de Los reinos del sur, la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

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