28 Helen

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No he podido dormir en toda la noche. Mi mente cavila entre oscuros senderos de oscuros temores. Mis amigos expuestos a los peligros de la noche. ¿Qué ocurrió? Pronto lo descubriremos, pero un temor se apodera de mí. Si les hubiera pasado algo jamás me perdonaría haber regresado mientras ellos discutían si era buena idea ir a buscar a Danny.
La luz del sol ya penetra por los huecos de la ventana. Las tinieblas de la noche se disipan, dejando una extraña niebla. Un mal presagio se anuncia. Algo terrible debió ocurrrir.
Enseguida partimos todos juntos. En estos tiempos de cambio, de duda y de peligros, lo mejor es moverse todos unidos. No sabemos que podríamos encontrarnos en nuestro camino o que podría ocurrir a los que nos esperan confiados de estar a salvo. Y claro, es muy difícil que una catástrofe aceche a un gran número de hombres, y mas a estas horas diurnas.
Recuerdo perfectamente el camino que tomé ayer para regresar. La profunda niebla da un toque fúnebre a la mañana provocándome mas terror que la mismísima oscuridad. Pero mis temores radican, sobre todo, en como estarán mis amigos. La bruma es un mal augurio que avisa sobre algo terrible, por eso mi piel se estremece y mis ojos observan aterrados el horizonte que débilmente se descubre tras el telón gris. Mis presentimientos se convierten en desesperación al no ver nada, pero todavía es pronto para mi pesar.
-¿Por dónde se fueron? -me preguntan.
-Por allí -pronuncio señalando el lugar de donde provenían los pasos ayer.
Mi corazón se acelera con cada paso. El trepidante silencio no alberga esperanzas. Me temo lo peor. Mi horror se hace palpable cuando la visión me enfrenta a mis temores y grito… cuando veo sangre. Unas gotas de sangre y a continuación un cuerpo, y otro, y dos más. La tristeza me ivande. ¡Son mis amigos!
-¡Están aquí! -grita un adulto para llamar al reto.
Todos se acercan formando un círculo entre los caídos. Me llevo las manos al rostro. Las lágrimas comienzan a asomarse… Estoy a punto de salir corriendo, de lanzarme contra el olvido… cuando…
-¡Están vivos! Ayudarme a llevarlos a la casa.
Suspiro aliviada. ¡Menos mal! Aun así las lágrimas ya bordean mi mejilla, secretos de la pesadez liberada. Los latidos desmesurados vuelven a su ritmo normal…
-¿Dónde está Simón?
Mi cuerpo se congela. El tiempo se detiene. La momentánea calma se rompe.

Continúa leyendo 29 Saúl o visita el índice de Los reinos del sur, la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

1 Comentario

  1. A mi personalmente esta entrada parece la de un gran novelista… ¡eh! …. me ha parecido fantastica… yo te aliento a que escribas un novelón….

    Un abrazo… te seguiré…

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