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Simón

El cielo va quebrando, mientras el sol muere tras las Montañas Elfas. El horizonte coge un tono rojizo perturbador, y entonces, es cuando debemos ocultarnos en nuestros hogares y taponar las puertas con barricadas. El toque de queda no solo es una norma. La duda y el miedo corrompe nuestros corazones. Se cuenta, que bajo la oscuridad indomable de la noche y en el frío silencio, enemigos surgidos del Bosque Central campan a sus anchas buscando nuevas presas a las que devorar. Enemigos temibles, camuflados bajo la espesa sombra de un submundo aterrador, son atraídos por el miedo que nos corrompe. El alma se encoje, aunque estés protegido en tu dulce morada. No sabes que tragedia amanecerá mañana, ni que nuevas marcas aparecerán en la calle.
Todo ello, aumenta la inseguridad que se vive aquí. Los líderes políticos refuerzan la seguridad para su mundo privilegiado, pero para el nuestro nada. No se acuerdan de los suburbios. Ni siquiera aparecemos en los mapas. Nos tienen aislados, como si fuéramos la basura del mundo de los hombres. No disponemos ni de buenos caminos, ni de edificios importantes, ni siquiera de seguridad, todo eso pertenece al mundo privilegiado. Por no tener, no tenemos ni información de como está el resto del mundo. Alguna vez, rara vez, vienen en naves para controlar que todo vaya bien. Pero desde hace unos días, la actividad ha aumentado. Vehículos futuristas han sido vistos de noche, a través de las ventanas de las casas. Yo mismo, tuve el honor de observar uno. Recuerdo como el polvo se levantaba y un humo negro era expulsado por la cola. Tenía cristales rojos fosforescentes. Era de una forma redondeada. Parecía flotar a medio metro del suelo. Dio una vuelta al pueblo y se marchó. Una tremenda sensación de inseguridad me produjo: ¿qué estará pasando?

Continúa leyendo 3 Jonhy o visita el índice de Los reinos del sur, la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

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