17 Jonhy

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Salimos de la nave. El aire es mucho más espeso. Se pega en los pulmones. El vacío pesa como si fuera una sustancia. La noche nos despierta del letargo: esto es peligroso. A pasar de los gritos de júbilo, mi incomodidad aumenta.
-¡Mirad el esplendor y la grandeza del mundo! ¡Somos como hormigas ante un universo gigantesco! ¡Mirad el cielo, las estrellas y la magia que nos querían ocultar! Ahora somos libres para descubrir, para admirar cada detalle, cada destello de maravilla que nos han descrito…
-Ya nunca más volveremos a sentirnos encerrados. Hoy comienza una nueva vida…
Y continúan gritando, ahogando sus gritos en el vacío donde se internan. Corren felices, sollozando de alegría, pero incautos. Intento seguirlos… es imposible. Pronto dejo de verlos. Intento aumentar el ritmo para alcanzarlos. Descubro que este aire me agota. Paro un segundo. Me encuentro atrapado entre oscuridad y silencio: tampoco los escucho. ¡No pueden haber avanzado tanto! Desisto. Miro hacia atrás. Tampoco veo las luces de la nave. Estoy solo y perdido.
La noche es tan oscura como una sombra en la penumbra. Me ha engullido en su negro abismo y por mucho que avance no veo otra cosa que no sea oscuridad. El cielo sólo refleja luz, no la transmite. Me encuentro tan desesperado que creo vislumbrar una luz. ¡Sí, es una luz! Posiblemente alguno de mis compañeros ha cogido una linterna.
-¡Estoy aquí!
Mi voz tiembla en mi garganta. No consigo hacerme oír demasiado. Lo vuelvo a intentar. Mi voz se quiebra, no consigue traspasar la noche. ¿Qué me ocurre? ¡Esto no es normal! ¡Es algo que hay en el aire! Me está debilitando.
Caigo de rodillas, vencido y desesperado. Arranco matas con las manos. Cada segundo el terror me domina más. ¿Que sería peor? Peor que caminar por la nada sin esperanzas… Temiendo encontrar la muerte y agonizar sin encontrarla, por un segundo la deseo para alivio de esta condena.
La luz de delante se aproxima… ¡No puede ser! ¡Mi deseo se ha cumplido! La luz se aclara y me enseña una figura: un ser encapuchado vestido con túnica negra. Sus ojos son puntos luminosos y lleva un candil. Es una sombra que avanza hacia mí para mi locura. Su rostro no es posible contemplarlo, aguarda una crueldad que desquicia el alma. ¡Es la muerte que aguarda mi hora!
Trato de huir. No puedo levantarme. Una fuerza maligna me empuja hacia la luz, hacia el horror. Araño el suelo, me encadeno a sus hiervas para no ser arrastrado. Mi desesperación es tal que invoco a Darío como única salida.
Darío no puede ayudarte: su tiempo se ha agotado.
El encapuchado de la noche ha hablado: ha dictado sentencia sobre mí. Su voz enturbia cualquier resquicio de cordura. El significado escampa sentimientos atroces que no soy capaz de procesar… aunque ya da igual: me encuentro inmóvil bajo sus pies. ¡Éste es mi fin!

Continúa leyendo 18 Danny o visita el índice de Los reinos del sur, la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

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