126 Helen

0
173
Me levanto antes que los demás para ayudar a preparar la comida a la anciana. Las reservas del silo son escasas. Pronto tendremos que salir a buscar más.
-¿Entonces en el pueblo no queda nadie más?
-Sí quedan -me responde-. Pero están escondidos. No desean que los vean agonizar y mucho menos perder la cordura.
-Pero… ¿sabéis donde encontrarlos? Necesitamos toda la ayuda posible.
Me mira triste.
-¿Crees que merece la pena alargar la vida en estas circunstancias?
-El gobierno ha tenido en su mano salvarnos y no lo ha hecho. No podemos rendirnos tan fácilmente. Deben saber que hemos sobrevivido y estamos muy enfadados.
-¿Y de qué servirá? Este mundo está condenado a la destrucción. Lo hemos visto en las visiones.
-¿Qué habéis visto? -pregunto intrigada.
-Las profecías, el cumplimiento de El enigma de los dioses. Todo está escrito y todo sucederá como fue profetizado por los dioses. No hay nada que podamos hacer para cambiarlo.
-Pero eso no es así. El virus es la prueba evidente de que el destino se puede cambiar…
-No ha sido cambiado sino adelantado. Nos encontramos en el fin del mundo. La corriente del tiempo avanza sin piedad…
-¡Pero igual que ha sido adelantado, se puede atrasar… y cambiar! Podemos intentarlo…
Un segundo de tensión vence sus reservas.
-Está bien os ayudaremos. Siempre será mejor que no hacer nada.

Continúa leyendo 127 Jonhy o visita el índice de Los reinos del sur, la primera novela de la trilogía El enigma de los dioses.

Dejar respuesta

Escribe tu comentario.
Escribe tu nombre

Resuelve la siguiente suma *