115 Jonhy

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Levanto la cabeza completamente fascinado con los conocimientos obtenidos. Me siento como si cargara con una pesada carga. He visto como es realmente el mundo donde vivimos y la inquietud recorre mis entrañas. ¿Será posible que las profecías se cumplan? Sólo el tiempo resolverá las incógnitas, pero puede que para entonces las guerras y las señales apocalípticas nos envuelvan en terror.
-¿Ahora comprendes el poder de esta información?
Asiento, todavía perplejo.
-¿Y dónde se supone que nos encontramos? -pregunto intentando interpretar las profecías.
La respuesta sería obvia si no fuera por los catastróficos acontecimientos ocurridos en los últimos meses. El avance del virus está arrasando los suburbios y amenaza con provocar profundas heridas en las ciudades privilegiadas. El escenario del que somos testigos sería propio de los días del fin y no del evangelio de Darío que corresponde a nuestros días. Por tanto, muchos acontecimientos profetizados habrían sido adelantados de confirmarse este salto temporal. Las próximas señales podrían aclarar definitivamente donde nos encontramos, pero también podrían suponer un limitado margen de maniobra.
-Algo está ocurriendo. No sabemos qué es, pero parece ser que se está removiendo el destino. El holocausto que sufrimos es una prueba evidente…
-¡No podemos permanecer impasibles mientras nuestro mundo se deteriora! -digo levantándome de mi asiento-. Debemos luchar por revertir la situación. Tal vez con nuestro esfuerzo podamos convertir este mundo en un lugar prospero.
Sir me observa, satisfecho.
-Comprendes la enorme responsabilidad que tenemos -su voz suena firme-. Pronto llegará el fin de año y estoy seguro que te elegirán como mi sucesor en El Gran Consejo de los Importantes -me adelanta una noticia que ya suponía después de la reunión de Pode-. Desde ahí controlarás la política interior y tendrás el poder necesario para arreglar todo esto. Muchas personas de gran prestigio confían en ti y sé que no les fallarás.
Intento decir algo pero me interrumpe.
-Se ha hecho demasiado tarde hablando -comenta preocupado-. Ve y descansa. Debes estar en plena forma para mañana.
Me levanto y me dirijo hacia la puerta obedeciéndolo.
-¡Espera! -me sobresalta- Llévate esto -me enseña una espada envainada-. Ya eres todo un guerrero: coge tu arma. He diseñado nuevas sesiones especialmente para ti, para que continúes desarrollando tus facultades de aquí al término del año -y me la lanza-. ¡Toma!
La cojo al vuelo. Antes de marcharme desvaino la espada y observo maravillado el brillo del filo.
-No te demores: debes completar tus horas de descanso para no interferir en el ciclo del entrenamiento.

Continúa leyendo 116 Kerwin, o visita el índice de Los reinos del sur, la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

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