101 Evangelio de Llewin

0
216

El pasado de los hombres es oscuro. Hubo un consenso donde se decidieron las leyes. Se prohibió el culto a las artes oscuras. No sólo a lo que deriva de la magia, sino también a lo referente al desarrollo del cuerpo mediante técnicas sombrías. Un grupo las desobedeció abiertamente, otro a escondidas y el resto los perseguía. El conflicto estaba a punto de producirse.
Llewin que observaba la situación, decidió intervenir antes de que estallara el caos. Mandó a los dos grupos desobedientes fuera del territorio conocido, a dos zonas diferentes dentro del continente, y los separó generando barreras de fuego en las fronteras. Me instauró a mí en el trono de los hombres del sur y me encomendó la misión de dirigir sus reinos durante un tiempo.
El corazón de los hombres es negro, como su alma, y tarde o temprano acaba reflejado la corrosión sobre las obras que realizan. A pesar de contar con todo el poder, de conducirlos tanto políticamente como espiritualmente de manera excelente, un grupo comienza a surgir a mi sombra. Se hacen llamar El Gran Consejo de los Importantes y su prestigio crece día a día. En su seno crece el egocentrismo, la codicia, el rencor… y demás cualidades degeneradas de los hombres, amplificadas en un organismo con poder. Planean implantar el sistema como nueva forma de gobierno. El sistema repartiría el poder absoluto de Frangul, entre un gobierno secreto, oculto en un supuesto consejo, y el rey. Los he mantenido al margen durante mi existencia, pero cuando mi tiempo se agote, el periodo de transición dotará a esta institución de un poder desmesurado. El próximo rey estará limitado en sus decisiones.
Ya casi en las puertas de la muerte, me inclino en el altar donde se encuentra la imagen tallada en piedra del único dios verdadero: Llewin.
-¡Oh Llewin, grande eres! -el templo es testigo de mi adoración- Tuya es la justicia que vaga desfigurada por las manos de los hombres. Tuyo es el amor, porque tuyos son los corazones. Tú guías a estas razas por senderos de luz. Pero Llewin, perdónales… -mi voz es una súplica susurrada- …porque han tomado el sendero de la oscuridad.
-No puedo hacer nada por ellos -los pilares tiemblan con los ecos divinos-: han elegido unirse a las sombras.
Mis plegarias son respondidas. Me faltan elogios para describir su magnificencia. Estaban condenados a enfrentarse. Sin embargo Llewin, con su infinita misericordia, trajo la paz a este mundo, arrojó destierro a los falsos creyentes y los separó con grandes columnas de fuego. ¡No debería haber más confusión en estos prados!
-Veo tu ceguera del tiempo en tu mente. La obra que he llevado a cabo ha sido grandiosa, pero te puedo adelantar que tras tu muerte seré olvidado.
Las increíbles palabras de mi Señor enturbian el legendario legado que estoy a punto de dejar.
-Pero señor, ¿cómo puedo evitar que eso ocurra?
-Tu trabajo ha sido impecable. Puedes descansar en paz. Sólo te pido un último acto: deja constancia en tus memorias de este momento, donde te repito el mensaje que debe ser transmitido por los siglos de los siglos: “El fuego aleja conflictos, Llewin trae la luz.”
No lo entiendo. Llewin es el encargado de librar a los elegidos del trance de la muerte. ¿Por qué caerá en el olvido?
-La paz es el camino hacia el éxito -continúa dando detalles para resolver el enigma, mientras el fino hilo de vida va quebrando en mí…- Para ello el fuego es el instrumento para lograrlo -tras una pausa continúa al tiempo que mis ojos se cierran…-. No te esfuerces más: ahora les toca a ellos elegir.

Continúa leyendo 102 Kerwin o visita el índice de Los reinos del sur, la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

Dejar respuesta

Escribe tu comentario.
Escribe tu nombre

Resuelve la siguiente suma *